¿Dónde empieza una microficción?
Segunda reflexión nacida de las respuestas de otros escritores, esta vez sobre cómo encontrar la primera frase
En el artículo anterior ¿Por qué es tan difícil cerrar una microficción?, hablé sobre lo difícil que puede ser escribir el final de una microficción.
Esta vez, la conversación se repite, pero desde el otro extremo del texto: el inicio.
Hace unos meses publiqué una nota preguntando a la comunidad de Substack cuál es la etapa más desafiante al escribir microficción.
Muchas respuestas coincidían en algo:
Estas respuestas son muy interesantes porque no hablan de falta de ideas, hablan de palabras.
El problema del inicio
En la microficción, el inicio no es solo el comienzo. Muchas veces es la mitad del trabajo.
No es necesaria una introducción ni contexto que construya la historia poco a poco. Tampoco hay espacio para rodeos.
La primera frase tiene que hacer algo de inmediato:
Abrir una escena.
Mostrar una imagen.
Sugerir un conflicto.
Despertar una pregunta.
Describir una acción determinante.
Esto genera una presión muy similar a la del final porque queremos que sea perfecta. Queremos que diga exactamente lo necesario.
Y mientras tanto, no escribimos. El miedo a la página en blanco se siente real.
Algo que me ha ayudado
Durante mucho tiempo pensé que el problema era encontrar “la frase correcta”. Ahora creo que el problema es buscarla.
Algo que me ha ayudado es escribir cualquier inicio a propósito, bueno o malo. Puede ser una frase imperfecta, que explique de más o que suene torpe.
Por ejemplo:
“Amanda, la bárbara, estaba sentada a la sombra del árbol, sintiendo mucha hambre”.
No es un buen inicio, pero es suficiente. A partir de ahí, la historia empieza a moverse.
Cuando ya tiene algo de forma, vuelvo atrás y me pregunto:
¿Qué puedo eliminar? ¿Sobra alguna palabra?
¿Qué imagen o emoción es más fuerte?
¿Puedo hacer que la frase sea más contundente?
Muchas veces, el verdadero inicio aparece durante la edición, igual que el final.
Tres formas de empezar una microficción
No hay una única forma de empezar, pero hay algunos tipos de inicio que funcionan muy bien en textos breves:
Inicio en acción: La historia ya está ocurriendo.
“Con cada respiración me cuesta más defenderme. Bloquear. Contraatacar. Girar el torso en busca de fuerza que me reanime”.
Inicio en imagen: Se presenta una escena clara.
“Es muy temprano para ser domingo. Siento que el alivio de pertenecer a la cama se hace pesado con el recordatorio de levantarme y ordenar el desastre que me rodea”.
Inicio en quiebre: Algo no encaja desde el principio.
“Encorvado en la entrada, siente la extraña suavidad del algodón en su piel. Los colores brillantes de la guayabera floreada destacan la palidez de su tez”.
Estos inicios funcionan porque no explican todo, sugieren.
Un pequeño ejercicio
Escribe tres alternativas de primera frase para una misma historia.
Todavía no las desarrolles, solo concéntrate en el inicio.
Luego elige la que te genere más curiosidad como lectora y empieza desde ahí.
Para cerrar
Quizás el problema no es no saber cómo empezar, sino querer hacerlo bien desde el principio.
A veces, una historia necesita comenzar mal para poder existir y, como casi todo en la escritura, se aprende escribiendo.
Si quieres, comparte en los comentarios la primera frase de una microficción que estés escribiendo. O cuéntame qué es lo que más te cuesta al empezar un texto.
Me interesa mucho leerte.
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¡Qué brillante idea escribir esa frase imperfecta y luego volver a ella! Desbloquea ese arranque que tanto cuesta a veces; le quita la presión y lo reenfoca hacia la esencia de la historia.
Debo admitir que no he practicado tanto las aperturas como los cierres porque apenas me he metido en este formato a partir de disparadores que ya proponen una frase de inicio. Pero en relatos más largos muchas veces siento esa fricción 🫠. Me queda mucho por practicar, pero con estos consejos me hace ilusión 💪.
Empiezo por aquí y, de paso, practico el cierre silencioso 😜:
Tengo una deuda conmigo. Cada año aumentan los intereses. He buscado esconderla, pero siempre se escapa y me acecha. He procurado ignorarla, pero nunca consigo olvidarla. He intentado permutarla, pero tan solo ha hecho que crezca. He tratado de callarla y ahora grita con más fuerza. Tengo una deuda conmigo. Ya no encuentro otra forma de pagarla; aquí van sesenta y dos.
Viví las mismas dificultades iniciales cuando enfocaba mi vida en escribir canciones.
Leerte me motivó a desempolvar una pasión olvidada. Gracias 🫂